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Dulce como el arequipe

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El primer día el dueño de la casa que alquilé me recomendó rentarle a mi vecina del frente, Jhamile,  su parqueadero. Hablé con ella a través de su ventana y sin cuadrar mucho la tarifa me abrió precipitadamente las puertas para que me sintiera en casa. En la noche, de ventana a ventana, me gritó: “Catica, Catica pase que ya le hice el arequipe”.

No sé si logren comprender la dimensión del evento: llevo viviendo en Paris 14 años y aquí el hecho de que conozca y tenga una relación con mis vecinos del edificio es algo EXTRAORDINARIO. En cambio en Jericó, en mi primer día de estadía,  mi vecina del frente que acababa de conocer me expresó con efusividad que me había hecho un arequipe de bienvenida. Para mi ese fue un augurio celeste, supe en ese instante que mi estadía en Jericó sería amorosa y dulce.

Así fue. Desfilaron diferentes postres y comidas: arequipe, natilla con buñuelo, brevas, plátanos y tomates. Todos mis encuentros humanos en Jericó, absolutamente todos, fueron encuentros con sabor a dulzura!

Chila, uno de los personajes del film, dice jugando cartas en la terraza: “A la vida hay que ponerle un granito de dulzura”. Así es mi querida Chila y !Jericó es dulce como el arequipe!

Fotos: algunos postres que me llegaron a la casa de regalo.

Catalina Mesa.

 

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